domingo, 9 de enero de 2011
Sociedad de la sospecha
Lo realmente preocupante de todo esto es la arrogancia con la que el hombre actual se miente a si mismo, consciente de que existe una verdad innegable, que nos negamos a aceptar; somos conscientes de que la verdad subyace velada ante nuestros ojos, y aún así, preferimos vivir en las "sombras proyectadas", sin hacer nada por evitar que la mentira sea la que mande, la que cause sensacion, pues parece ser que la verdad es aburrida... la sospecha nos motiva; da sentido; nos entretiene; llena de encantamiento un mundo nihilista y desencantado; es la nueva religión. pues.. ¿de que otro modo se explica, que aún siendo conscientes de que unos pocos urden en la oscuridad y deciden sobre nuestras vidas, prefiramos vivir satisfechos con alguna que otra verificacion de algunas de nuestras sospechas (cual sabiondos que se sienten orgullosos de responder a cuestiones ya resueltas gritando:¡lo sabía!) y renunciemos a la lucha por el triunfo de un mundo "de las cosas mismas", libres de velos, y donde realidad y verdad sean la misma cosa? En mi opinión, elegir esta ultima opción es lo fundamental, pues se eliminaría el absurdo de la sospecha sistemática de nuestra era(que nos llena de falsas convicciones fundamentadas en la endeble estructura del nihilismos axiológico del hombre contemporaneo) porque acabaría, en la medida de lo posible, con abismo existente entre ser y aparecer de las cosas, entre lo que se nos muestra, y lo que realmente es lo mostrado, entre la imagen y el objeto. Entre lo que nosotros somos, y lo que deberíamos ser. Nietzche, acertaba al afirmar que el ser humano siempre a preferido mentirse a si mismo, a afrontar valientemente la simple y desnuda verdad de su existencia; Si bien, en un pasado, el hombre prefirió darle la espalda a su naturaleza mortal, creando la religión y la creencia en otra vida inmortal; actualmente es esa misma prepotencia y egocentrismo humanos, los que de igual modo nos ha conducido de nuevo a la elección de mentirnos a nosotros mismos para no aceptar nuestra vanidad, creandonos un mundo imaginario a nuestro antojo, donde la verdad no es más que "nuestro" pobre coche viejo que guardamos en el garage cuando viene el vecino, con el fin de poder alardear, del nuevo superdeportivo que el banco me ha prestado financiado, haciendome creer que algún día sería mio. ¡Todo sea por ese gran momento de felicidad que surge cuando hago creer al vecino, que soy un tio importante!... ¡menos mal, que no ha echado un ojo a mi escuálida nevera! Moraleja:Pasado un tiempo mi vecino no puede esconder su frenesí, al comprobar que me han embargado el coche por impago; como tampoco puede evitar decir en alto "Ya sospechaba yo, que este impostor, estaba viviendo por encima de sus posibilidades!
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1 comentario:
interesante texto... yo siento al contrario que tú, que la sociedad está empecinada en hacer de todo verdades que pueda tocar, pesar y cobrar.. aunque La Verdad a la que te refieres como ese concepto idílico sea otra, tampoco existe, si existiera nos comería nuestro propio cuerpo.. mejor el derecho a la locura, que tanto se extraña desde que " por la manchega llanura se ve la figura del quijote pasar...."
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