lunes, 25 de febrero de 2008

Las bicicletas no solo son para verano.

Allí estábamos los dos,
recién llegados de otra noche de plastilina.
¿Quien iba a presagiar, que esa noche,
descubriríamos las puertas desde las cuales,
dios nos observaba,
en una plácida sesión onanista?
No hizo falta tocarnos.
Una extraña energía,
similar a mil bombas de uranio,
nos unió sin remedio;
¡Sin tan siquiera, tocarnos!
Infinitos orgasmos.
¡Qué pequeño era dios en aquel momento!
Y que feliz, observándonos...
Después él se corrió...
Y como todo hombre al acabar,
nos dio de lado.
Ella se fue.
Nunca más,
volví a sentir lo mismo...
Ahora todo lo que motiva,
es como materia,
sin energía...
Solo medios,
sin remedios...

No hay comentarios: