viernes, 12 de marzo de 2010
Oscense y Gallego
Había montado en ese bus urbano otro día más; no recuerdo muy bien hacia donde me dirigía exactamente, pero dudo que eso carezca de importancia. Lo que si recuerdo notoriamente, es la impresión que causó en mí aquella bella mujer, cuya luz superlativa, no titubeó en desvelar todo mi ser, como queriendo vislumbrarlo y liberarlo de su oscuridad laberíntica. No podía comprender, como esa desconocida, podía haberme obnubilado de ese modo, a pesar de que su mirada en todo momento del trayecto, apuntara hacia el suelo; como queriéndome decir, que no era el momento de impregnarme... Aún así no me dejo indiferente lo que sentí entonces... tenía la certeza de algo, y me inquietaba no saber la causa... pasó el tiempo y esa náyade de tan bello rostro e irradiante aura, se volvió a cruzar en mi camino. Esta vez no pudo evitar una mirada, proyectada directamente hacia mis ojos... y así, cual medusa gorgona, petrificó mi voluntad, e hipnotizó mi espíritu para que irremediablemente se fusionase con el suyo... a día de hoy sigue calándome hondo...
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